Muchacha blanca blanca y muy católica,
con lunar en predios privaditos,
con pezones incoloros, problemas con la letra efe
y axilas que comenzarán a poblarse,
busca trabajo como dependienta de farmacia
como trenzadora de cintos
que practicará en sus ratos libres (que son muchos)
mientras lee al marqués de Sade, por puro placer,
mientras pergeña una confesión para el domingo
cuando el cura pregunte “¿has pecado, Matilde?”[1]
Leer también: Ocaso
[1] Poema de ROGELIO RAMOS SIGNES.
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