Me siento en este
ocaso
que
como un tobogán
me desciende
en la noche
la tarde
queda atrás
en su quieta
imaginería
los ruidos mecanizados
del quehacer humano
el ladrido de persistentes canes
y el último pájaro
que va pintando
el silencio.([1])
Leer también: Arena
[1] Poema de HÉCTOR ROBERTO PARUZZO.
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