14/05/09

ARENA

Cuando el hombre llegó me ofreció un ramo de rosas, yo deseaba un espejo; me negué a aceptarlas. Sonrió y se marchó en silencio.
Pasaron seis meses hasta que apareció con un violin, yo deseaba
una esfera; me negué a aceptarlo.
Sonrió nuevamente y se marchó en silencio.
Anoche volvió, me entregó una espina.
La acepté silenciosamente, entonces el hombre se deshizo
delante de mis ojos atónitos.
Ahora cargo mi espejo, mi espacio y mi espina pero sigo
deseando la arena de su cuerpo que desapareció con la última
/ofrenda.
[1]

Leer también:
GUERRERAS SOLITARIAS
[1] Poema de Catalina Sojos.

GUERRERAS SOLITARIAS

Las mujeres solas se encuentran
y hablan de hombres. Hombres
que amaron, educaron, apoyaron,
acompañaron, consolaron, admiraron,
padecieron, mantuvieron, esperaron,
abandonaron. Seguras afirman
que chicos o grandes igual
lloran. Recuerdan escenas marcadas
sin ensayo, besos blanco y negro,
diálogos reveladores. Dan gracias
a la gran diosa por la multiorgasmia
y el push up. Confunden nombres
y lugares, manejan datos imprecisos
pero rara vez equivocan
un diagnóstico. Las mujeres solas
se encuentran y hablan de hombres
pasados, presentes y futuros. Velan
las armas en cualquier bar antes
de salir a enfrentarlos. Saben que
una guerrera no puede elegir
victorias o derrotas pero sí cuáles
batallas no pelear. Las mujeres solas
no escarmientan y esperan
hombres nuevos para cometer
los errores de siempre, siempre.
[1]

Leer también:
Ataduras
[1] Poema de Andrea Ocampo.