Escribí cajones de poemas de amor
Pero para ser poeta - me dijeron -
hay que cercar otras
glorias
La física cuántica por ejemplo,
o la metafisica
la incierta certeza de Dios
y la decadencia del milenio
En realidad
sólo sé escribir poemas
de amor y desamor
y enhebrar los delicados desvaríos del pubis
Aunque intento, juro que intento,
indagar en el desierto las causas y
consecuencias del fantasma de mi padre
la opacada memoria de los muertos
las siniestras virtudes de los vivos
Andadora de amor
tantísimos años
rebusqué
en tejados y en aljibes
hasta encontrarte
Ahora
que después de encontrarte
me he encontrado
quizá pueda escribir sobre
los astros
aunque la verdad, la verdad,
lo que me sigue obsesionando
son tus brazos[1].
Leer también: has vuelto a mí, inútil fue el amor
[1] Poema de Patricia Severín
01/06/09
Poemas de infancia
Hay muchos poemas que aluden a la infancia. En este blog, ya habíamos reseñado unos bellos versos de Jose Asunción Silva, llamada así, infancia.
Ahora me encuentro otro texto, bien interesante, del mismo nombre, de una poetisa peruana que dice así:
INFANCIA
El agua se iba
por esa alcantarilla de los miedos.
Sangra por la niñez
como un pájaro ahorcado.
La siento irse y volver
por el mismo resquicio.
(no es casual que a esta hora
no haya niños
ni sombras de niños)
(Yo salgo siempre con el mismo vestido
y una muñeca con cara de manzana)
sin pensar en los nudos que atábamos
al agua
vos te moriste
piedra leve
canto rodado
y yo temiendo que el agua se quiebre
no la distraigo
y me quedo con la cerca en el cuello.[1]
[1] Poema de ANA MARÍA RUSSO
Ahora me encuentro otro texto, bien interesante, del mismo nombre, de una poetisa peruana que dice así:
INFANCIA
El agua se iba
por esa alcantarilla de los miedos.
Sangra por la niñez
como un pájaro ahorcado.
La siento irse y volver
por el mismo resquicio.
(no es casual que a esta hora
no haya niños
ni sombras de niños)
(Yo salgo siempre con el mismo vestido
y una muñeca con cara de manzana)
sin pensar en los nudos que atábamos
al agua
vos te moriste
piedra leve
canto rodado
y yo temiendo que el agua se quiebre
no la distraigo
y me quedo con la cerca en el cuello.[1]
[1] Poema de ANA MARÍA RUSSO
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